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Telesur:
el Sur se arma para acabar con el monopolio
mediático del Norte
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Renaud
Lambert
Acrimed
Traducido
del francés para Rebelión por Juan Vivanco
Era un viejo anhelo del Sur y Chávez lo ha
hecho realidad. En mayo de 2005, capitaneados por
Venezuela, cuatro países latinoamericanos crearon
una cadena de televisión que aspira a ser vista
bien pronto en todo el mundo. La mera existencia de
Telesur por ahora una simple china en el zapato
de los grandes grupos de comunicación de la
región- ya le está provocando sudores
fríos a Washington. No parece andar descaminada
la Heritage Foundation cuando dice que la cadena es
un peligro para «la influencia de Estados Unidos
en las Américas» [1]. En su «pelea
contra el monopolio mediático del Norte»
Telesur será más militante que pluralista,
sin duda, pero promete ser más pluralista que
«chavista». Mientras los medios dominantes,
atados con correa dorada al poder del dinero, ya la
están acusando de «propaganda de masas»,
Telesur defiende el carácter político
de todo «proyecto comunicacional» y choca
con los tópicos de un sector que alardea de
ética, objetividad y apoliticismo. No podía
haber empezado peor.
«Dejémonos
de monsergas. El mundo está en guerra, hay
una guerra entre el Norte y el Sur» [2]. Según
Beto Almeida, periodista brasileño, este hecho
ha prevalecido sobre cualquier otro en la creación
de la primera cadena continental suramericana, Telesur,
que dirige junto con los periodistas Aram Aharoniam
(Uruguay), Ana de Skalom (Argentina), Jorge Enrique
Botero (Colombia) y Ovidio Cabrera (Cuba). El presidente
de Venezuela, Hugo Chávez, haciéndose
eco de la propuesta de crear una televisión
del Sur para el Sur, tantas veces planteada por el
presidente de Tanzania, Julius Nyerere, en las reuniones
del Movimiento de Países No Alineados, declaró
en la cumbre del G15: «En el Sur somos víctimas
del monopolio mediático del Norte (
)
encargado de difundir en nuestro países y sembrar
en la mente de nuestros ciudadanos, informaciones,
valores y patrones de consumo que son esencialmente
ajenos a nuestras realidades y que se han conformado
como el más formidable y efectivo instrumento
de dominación. (
) Para enfrentar y comenzar
a cambiar esta realidad, es que me atrevo a proponer
la creación de un canal de televisión
que podría ser captado en todo el mundo con
la información y las imágenes del Sur.
Este sería el primer y fundamental escalón
para romper el monopolio mediático.»
[3] El presidente venezolano no acostumbra a ser ambiguo.
Almeida menos aún. «No se trata de una
obra de altruismo comunicacional», de buscar
«la objetividad ni tampoco la imparcialidad».
En una situación de guerra, sostiene, «la
imparcialidad, sencillamente, no existe».
En guerra
contra el imperialismo mediático
¿Una
guerra? Vistas desde una Europa embotada por la machacona
cantinela del «fin de las ideologías»,
las «peloteras» diplomáticas entre
el inquilino de la Casa Blanca y el «tropical»
presidente de Venezuela no son más que un toque
exótico para animar el aburrido telediario.
Vistas desde otros lugares, del sur del río
Bravo a la Tierra del Fuego, por ejemplo, hablar de
«agresiones imperialistas» en Latinoamérica
no tiene nada de «antiamericanismo visceral»
[4]. Cuando la memoria está lo bastante fresca
como para no depender de los medios [5], las lecciones
de la Historia pueden iluminar el presente: «¿Acaso
las 22 bases militares que ha construido Estados Unidos
durante los últimos años en Latinoamérica
forman parte de una política de buena vecindad?»
pregunta con sorna Beto Almeida.
El carácter
larvado de lo que en estos últimos años
ha sido un «conflicto de baja intensidad»
no debe confundirnos. Se trata de un conflicto declarado,
como lo demuestra la participación activa de
Estados Unidos en el golpe de estado fascista del
11 de abril de 2002 en Venezuela. «La primera
víctima de la guerra es la verdad», recordarán
algunos (no hace falta decir que desde la orilla «buena»
del Atlántico). Pero el amor a la verdad no
siempre basta para asegurar la paz
Por otro
lado, ¿no está la propia «verdad»
marcada por la ideología? Estados Unidos no
ha tenido reparos en eliminar las fuentes de «verdad
enemiga» que pudieran frenar su ardor guerrero
para
«defender la democracia». No
faltan ejemplos: bombardeo del hotel Palestina en
Bagdad el 8 de abril de 2003 [6], bombardeo «accidental»
de la televisión servia por la OTAN el 23 de
abril de 1999, durante la guerra de Kosovo o, recientemente,
el plan para bombardear la sede de Al Yazira en Qatar
[7].
Para
los cuatro países americanos que han abrazado
el proyecto Telesur Argentina, Cuba, Venezuela
y Uruguay-, la cosa está clara: la mayoría
de las redes panamericanas de televisión son
estadounidenses y difunden programas hechos en Estados
Unidos (CNN, NBC y Fox News). Frente a estos grupos
que, como dice Almeida, «son los clarines del
ejército imperialista», la «televisión
del Sur intenta cambiar esta relación de fuerza»
[8]. En efecto, frente al estrépito de los
metales del Norte sería muy osado prometer
algo más que un «intento» de hacer
que se oiga la música más discreta de
las cuerdas del sur. La CNN, por sí sola, disponía
de un presupuesto anual de unos 700 millones de dólares
en 2001 [9], mientras que Telesur tendrá que
conformarse con 300 veces menos: 2,5 millones de dólares
así repartidos: el 51% lo aporta Venezuela,
el 20% Argentina, el 19% Cuba y el 10% Uruguay. Lo
justo para que Aram Aharonian pueda decir: «Ahora
hemos salido del nicho de lo marginal y vamos por
lo masivo» [10].
Ya con
la creación de Vive TV el gobierno venezolano
había intentado dar un «barniz nacional»
a los medios comunitarios venezolanos, después
de sacarlos de la ilegalidad en 2000 al tomar conciencia
de su importancia política [11]. El maná
petrolero del país irónicamente
favorecido por las tribulaciones de Bush en Irak-
le permitió a Caracas extender un proyecto
similar a Latinoamérica y poner encima de la
mesa un sobre suplementario de 10 millones de dólares
para cubrir los gastos de lanzamiento. La respuesta
de la cámara de representates de Estados Unidos
no se hizo esperar. El pasado 20 de julio asignó
9 millones de dólares para sufragar su contraataque
directo: «La transmisión de imágenes
y sonidos a Venezuela (
) Del mismo modo que
tratan de hacer desde Florida contra Cuba, por medio
de Radio Martí y TV Martí» [12].
Una televisión para un proyecto político:
la integración
El que la guerra de las grandes cifras esté
perdida de antemano no excluye la necesidad de presentar
batalla «en el plano político, desde
luego, pero ante todo en el cultural», destaca
Ignacio Ramonet [13], miembro del consejo consultivo
de la televisora [14]. «El objetivo de Telesur
es que los latinoamericanos vuelvan a apropiarse de
su imagen. Para ello es preciso que vuelvan a apropiarse
de su imaginario, pues de lo contrario están
condenados a permanecer alienados en la sumisión
al imaginario de otros»
De otros llegados
del Norte, en este caso. En Latinoamérica el
80% de las películas que se ven en televisión
vienen directamente de Hollywood. Beto Almeida recuerda
que en 2004, «aunque en Latinoamérica
se habían rodado más de 600 largometrajes,
sólo 30 pasaron a los grandes circuitos de
distribución». Asimismo, ese año,
de las 1.100 películas emitidas por las grandes
cadenas de televisión brasileñas, menos
de 15 eran brasileñas.
«Nunca
es más perfecta la dominación que cuando
logra hacer que los dominados piensen en los mismos
términos que los dominadores», afirmaba
Chávez en la XII cumbre del G-15, en 2004.
¿Cuál es el resultado? «Los pueblos
latinoamericanos han perdido la conciencia de su realidad
y de la de los pueblos que los rodean». Mientras
los medios dominantes procuran «que se acepten
la violencia y la guerra, su estética, su vocabulario,
con el objeto de adaptar las mentes a los planes guerreros
norteamericanos» [15], Telesur aspira a proponer
un punto de vista latinoamericano sobre las realidades
latinoamericanas. El lema de la cadena, «Nuestro
norte es el Sur», recoge un verso del pintor
uruguayo Joaquín Torres García:
Nuestro norte es el Sur
Para irse al norte nuestros buques bajan, no suben.
Más allá de la realidad magnética,
el «Norte» y el «Sur» significan
dos visiones del mundo. Mientras que la del Norte
se encarna en una realidad imperial, la del «Sur
todavía es un proyecto cargado de utopía.
Sin embargo, ¿acaso debemos censurar los proyectos
tachándolos de ser
sólo proyectos?».
Por
un lado está la realidad de la colonización
y la dominación mercantil, camufladas de «apertura
de mercados» que cuentan con el respaldo del
poderío militar. Por otro, un proyecto de integración
cultural y política, libre de la tutela del
primer mundo y la sumisión que genera. Realidad
del liberalismo (ya sea neo, ultra o sin prefijo)
y de sus estragos. Proyecto
de otra sociedad,
basada en lo que algunos, como Hugo Chávez,
llaman «socialismo del siglo xxi». Realidad
no tan concreta- de una integración basada
en el ALCA [16]. Proyecto no tan lejano- de
una alternativa como el ALBA [17].
En estas
circunstancias el Sur también tiene un Norte
en su seno, que intenta hacer, desde dentro, las reformas
necesarias para su modernización [18]. Del
mismo modo, al Norte le cuesta cada vez más
ocultar su Sur, al que preferiría no ver: «El
Sur del Norte son las comunidades negras de Nueva
York, las ciudades satélite que arden en París,
los trabajadores pobres del Reino Unido», explica
Beto Almeida.
Telesur,
que como otras iniciativas panamericanistas en el
ámbito del petróleo (Petrosur y Petrocaribe)
o del crédito (Banco del Sur), trabaja por
la integración de los pueblos americanos soñada
por Simón Bolívar, también aspira
a «unir a todos los sures del mundo dándoles
la palabra»
y se dota de un satélite
propio, que le permitirá ser captada en Europa,
África y Asia. Hoy en día el satélite
NSS (New Skies Satellite) sólo le permite cubrir
América, Europa Occidental y el norte de África.
La difusión por internet (a través del
servidor Arcoiris) aún presenta problemas técnicos.
Pero disponer de un satélite independiente
no es tarea fácil
y la Casa Blanca no
está dispuesta a facilitarla. De todos modos
hay negociaciones con China, que dispone de la tecnología
necesaria.
¿Recuperar la vista y ver qué?
«Vernos es conocernos, conocernos es respetarnos,
respetarnos es aprender a querernos, querernos es
el primer paso para integrarnos» [19]. La metáfora
que relaciona la «vista recuperada» con
la realización del proyecto político
es demasiado tentadora, y el periodista español
José Manuel Martín Medem la asume con
entusiasmo. En referencia a la Misión Milagro,
gracias a la cual cientos de venezolanos recuperan
la vista con operaciones de cataratas en Cuba, explica:
«Telesur es una misión milagro
en las comunicaciones» [20]. La frase merece
una reflexión, pues subraya la necesidad de
quitar la catarata de una «visión alienadora»
del mundo, el velo que nubla la vista sin que se vea
afectada la capacidad del ojo para ver.
Más
allá de las frases bonitas, uno de los principales
méritos de este proyecto que consiste en «devolverles
la vista» a los pueblos latinoamericanos, es
que plantea la pregunta: ¿recuperar la vista
y ver qué? De momento, en Telesur, no se ve
gran cosa, y con razón. El lanzamiento de la
cadena está siendo progresivo. El 24 de julio
se vieron los primeros programas grabados y empezaron
las emisiones en directo, y el 31 de octubre la cadena
empezó a emitir las 24 horas (con una programación
temporal). Realidad de un lanzamiento progresivo que
debe tener en cuenta al espectador de hoy.
Por
otro lado, a veces se tiene la impresión de
que el equipo de Telesur ha sido algo precipitado
a la hora de renovar las formas, algo absolutamente
necesario para que el proyecto televisivo llegue a
buen puerto. En esta etapa, las vacilaciones comprensibles-
del proceso de lanzamiento no justifican del todo
ciertas opciones que merman ya la capacidad de ciertos
programas para mostrarse tan radiantes como lo sería
la luz para el ciego que ha recuperado la vista
El noticiario de la cadena, por ejemplo, cae en la
tentación de imitar la puesta en escena de
los «metales del ejército imperialista»:
los mismos decorados que dejan entrever las mismas
salas de redacción con pantallas de televisión
que parpadean frenéticamente, los mismos movimientos
de cabeza de las presentadoras y las mismas sonrisas
enlatadas, los mismos trajes a la moda occidental,
etc.
Aunque
la forma no está todavía a la altura
del proyecto, el contenido de los programas impresiona
por su diferencia. La cadena se esfuerza en presentar
«una alternativa al discurso único de
las grandes cadenas informativas» [21], una
información que da prioridad al contenido social,
a las movilizaciones populares, a las propuestas alternativas
a todo lo que el pensamiento único acepta sin
rechistar: la deuda externa, los organismos transgénicos,
la «modernización». Para ello «es
preciso construir un periodismo nuevo», explica
Beto Almeida, y «recuperar la noción
de tiempo en la información». Cuando
la CNN en español entrevista a Evo Morales
acerca de la crisis boliviana, «lo despachan
en un minuto y sólo le hacen esta pregunta:
¿Por qué se empeña usted
en perjudicar a la Democracia?», cuenta
el realizador boliviano Iván Sanjinés
[22]. Pero, como explica Noam Chomsky, el afán
de concisión (decirlo todo en treinta segundos)
obliga a «limitar la exposición a una
sarta de tópicos» [23]. Para proponer
un punto de vista distinto se necesita tiempo
y Telesur está dispuesta a tomárselo.
La cadena,
que cuenta con los medios proporcionados por los cuatro
países fundadores, varias televisoras estatales
(como en el Paraná brasileño [24] y
en Colombia) y una red de corresponsales (de momento,
sólo en Latinoamérica [25]), se propone
dedicar el 45% de su tiempo a la información,
presentada como un derecho de los ciudadanos. La información
es uno de los «tres pilares fundamentales»
de la cadena: «Informar, formar y recrear».
Formar («Desde la sabiduría ancestral
de las culturas originarias de América hasta
los postulados del nuevo siglo, el saber es un componente
esencial de nuestra programación») recreando.
Recuperar el carácter lúdico «propio
de nuestra cultura» [26]: «recuperar la
noción de placer» [27] acaparada por
la industria de Hollywood, por su violencia, su casquería
y sus historias de amor tan alejadas de los barrios
pobres de Caracas, Quito o Santiago de Chile
Nojolivud (transcripción literal de «no
Hollywood») es el título de uno de sus
programas, «cuya meta es presentar ficciones
producidas en Latinoamérica y emancipadas del
formato holywoodiano» [28]. A formar y recrear
también apuntan Telesurgentes, «que retrata
las luchas populares y estudiantiles», Maestra
Vida, una «serie de retratos y biografías
de personajes latinoamericanos», Subte, que
son «crónicas sobre la cultura urbana»,
y Voces en la cabeza, «que presentan las nuevas
tendencias músicales».
Un canal «abierto a todos»
Pero proponer contenidos es sólo uno de los
aspectos de la misión de Telesur. En efecto,
«En Telesur no buscamos sólo espectadores,
necesitamos colaboradores, dispuestos a construir
un nuevo modelo de televisión» [29].
Los creadores de Telesur no pretenden, ni mucho menos,
monopolizar la capacidad de reinventar la televisión.
La cadena producirá una parte de sus programas,
pero pondrá su canal a disposición de
los «cineastas, realizadores, distribuidores
y cadenas de televisión de todo el continente,
ya sean cadenas estatales, comunitarias independientes»
o universitarias.
Además
de los programas que ya ha recibido del EZLN desde
Chiapas, del MST (Movimiento de los Sin Tierra) desde
Brasil o de los indígenas de Perú, Telesur
lanza la FLACO (Factoría Latinoamericana de
Contenidos) que «tiene por misión fomentar
la producción, promoción y distribución
del audiovisual latinoamericano. Ya sean cortos, medios
o largometrajes, ficción, documental o experimental,
seriados o unitarios, producidos o en proyecto, es
prioridad de FLACO asegurar su difusión en
el territorio latinoamericano, bien a través
de teleSUR o cualquier otro medio a disposición».
El canal no constituye un apéndice independiente
del proyecto inicial de la cadena, cuyo aspecto militante
reivindica Beto Almeida. Es su medio: producción
colectiva, red de información pluralista, ruptura
con los oligopolios que acaparan el papel activo en
el proceso de comunicación. Telesur se basa
en este principio: «una programación
sólo puede existir en función de los
usuarios, a ellos corresponde la última palabra
acerca de la parrilla programática».
¿Una
carta blanca para todo el que quiera aprovecharla?
Al ser el proyecto Telesur fundamentalmente político,
no cabe esperar que acoja contenidos opuestos frontalmente
a su visión del mundo. Nadie debería
quejarse, pues el hecho de situarse por encima del
bien y del mal, si fuera posible, implicaría
ya una politización extrema, pues no haría
más que reforzar el desequilibrio en las comunicaciones,
que hoy en día es netamente favorable al neoliberalismo.
Sobre todo en Latinoamérica.
¿Es
Telesur «TeleChávez» [30], como
ya dicen algunos? No tiene por qué serlo. Aunque
el proyecto está respaldado por gobiernos,
el de Chávez entre ellos, su apropiación
pública no implica necesariamente una dependencia
política, y menos aún una dependencia
de este o aquel gobierno. Pero sobre todo, el crédito
que merezca y aún debe ganarse- dependerá
de «su independencia en materia de información,
que debe ser total», como explica Ignacio Ramonet.
Para él es una buena señal la dimisión
de Andrés Izarra, presidente de Telesur, de
su cargo de Ministro de Información venezolano
[31]. ¿Una demostración de independencia?
No, pero una señal, al fin y al cabo, que va
en la buena dirección. No es poco.
Aunque
la independencia de la cadena no puede estar a merced
de las personas. No basta, como sugiere Jorge Enrique
Botero, con ser «consciente de que habrá
circunstancias difíciles» ni con «tratar
de conservar la independencia periodística»
[32]. Es en el plano de las estructuras que
deben garantizar una separación absoluta entre
financiación y redacción- donde se cuece
la independencia editorial de semejante proyecto.
Mientas que Al Yazira, el modelo para el proyecto
inicial de la cadena latinoamericana, es sumamente
discreta acerca del emir de Qatar, nada parece indicar
que Telesur lo será acerca de los jefes de
estado que la sostienen. En todo caso, dicho a la
manera de Hugo Chávez, «por ahora»
no [33].
De ser
cierto que «definir lo que entendemos por comunicación
supone definir el tipo de sociedad en la que queremos
vivir» [34], se le podría dar la vuelta
al razonamiento y mantendría su validez. Las
movilizaciones recientes de los pueblos latinoamericanos
en apoyo de Hugo Chávez y la revolución
bolivariana y en contra del ALCA y las instituciones
financieras que subyugan a los países de la
región (FMI, Banco Mundial) han demostrado
por lo menos algo: que la CNN y sus hermanas gemelas
no corresponden al «tipo de sociedad»
en la que los latinoamericanos «quieren vivir».
Telesur puede encarnar ese anhelo. ¿Estará
a la altura de su misión? No hay motivos para
dudarlo. Es un reto que merece la pena.
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Notas
[1] Stephen Johnson, «Chávez targets
US influence», The Heritage foundation, 23 de
noviembre de 2004.
[2]
Entrevista con el autor, 25 de noviembre de 2005,
de donde están tomadas las citas posteriores
de Almeida.
[3]
Hugo Chávez, discurso inaugural de la XII cumbre
del G-15, 1 de marzo de 2004. El texto se puede leer
en: http://www.rebelion.org/internacional/040228hc.htm.
[4]
Axel Gyldén, «Chávez-Castro, les
liaisons dangereuses», LExpress, 5 de
septiembre de 2005.
[5]
Son pocos los países de la región donde
hay que remontarse a más de tres generaciones
para hallar testigos directos de intervenciones militares
de Estados Unidos destinadas a imponer sus preferencias
políticas y económicas: 1903 Colombia,
1915 Haití, 1915 República Dominicana,
1926 Nicaragua, 1950 Puerto Rico, 1954 Guatemala,
1960 Guatemala, 1961 Cuba, 1965 República Dominicana
y Perú, 1967 a 1969 Guatemala, 1973 Chile,
1980 a 1990 El Salvador, 1981 a 1988 Nicaragua, 1983
Granada, 1989 Panamá, y 1994 Haití,
por no hablar del respaldo a las dictaduras de Argentina,
Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
[6]
Donde se encontraban cientos de periodistas extranjeros,
y que causó la muerte del cámara español
José Couso y su colega ucraniano Taras Protsyuk.
[7]
Kevin Maguire y Andy Lines, «Bush plot to bomb
his arab ally», Daily Mirror, 22 de noviembre
de 2005.
[8]
Para esta cita y la anterior, Beto Almeida, op. cit.
[9]
Nisa Lewites, «CNN and September 11th, 2001
: Management in a Crisis», Institute for Technology
and Enterprise Polytechnic University, Nueva York,
enero de 2002.
[10]
«Alistan proyecto contrahegemónico de
televisión que sea opción real en AL»,
entrevista con Blanche Petrich, La Jornada, 27 de
febrero de 2005. http://www.jornada.unam.mx/2005/02/27/012n1pol.php
[11]
Véase Renaud Lambert, «Vive TV ou la
communication au service dune citoyenneté
nouvelle», RISAL, 2 de septiembre de 2004.
[12]
Nils Solari, «Telesur», 25 de octubre
de 2005. http://www.vive.gob.ve/inf_art.php?id_not=273&id_s=3&p
.
[13]
Entrevista con el autor, 29 de noviembre de 2005,
de donde están tomadas las citas posteriores
de Ramonet.
[14]
Junto con los argentinos Adolfo Pérez Esquivel
(Premio Nobel de la Paz), Atilio Borón, Fernando
Pino Solanas y Tristán Bauer; los cubanos Silvio
Rodríguez y Julio García; los estadounidenses
Danny Glover, Harry Belafonte, James Early, Saul Landau
y Richard Stallman; el uruguayo Eduardo Galeano; el
español Ignacio Ramonet; el nicaragüense
Ernesto Cardenal; el boliviano Jorge Sanjinés;
los brasileños Walter Salles, Fernando Morais
y Orlando Sena; los mexicanos Pablo González
Casanova, María Rojo y Carmen Lira; el paquistaní
Tariq Ali; el belga Michel Collon; los colombianos
Alfredo Molano y Ramiro Osorio; el peruano Javier
Corcuera; el venezolano Luis Britto García;
el dominicano Chiquie Vicioso; el italino Gianni Miná
y el chileno Manuel Cabieses.
[15]
Para esta cita y la anterior, Beto Almeida, op. cit.
[16]
Consultar al respecto el dossier de RISAL «
LALCA en panne ».
[17]
Alternativa Bolivariana para las Américas.
Proyecto alternativo al ALCA propuesto por Venezuela.
[18]
Como el 15 de marzo de 2005 en Colotenango (Guatemala),
cuando la policía abrió fuego contra
los manifestantes opuestos al tratado de libre comercio
que el presidente Oscar Berger acababa de firmar con
Estados Unidos, matando a dos e hiriendo a decenas
de ellos.
[19]
Presentación de Telesur en la página
web de la cadena.
[20]
Palabras pronunciadas en el encuentro «Por una
ecología de la información» celebrado
en la Universidad Complutense de Madrid el 25 de noviembre
de 2005.
[21]
Presentación de Telesur en la página
web de la cadena, citado por Nils Solari, op. cit.
[22]
Palabras pronunciadas en el encuentro «Por una
ecología de la información» celebrado
en la Universidad Complutense de Madrid el 25 de noviembre
de 2005.
[23]
Secuencia de la película de Pierre Carles,
Enfin Pris?, CP Productions, 2002.
[24] Véase Renaud Lambert «Que sommes-nous
nous autres brésiliens? Un marché ou
une nation?», RISAL, 27 de octubre de 2005.
[25] En Argentina (Buenos Aires), Bolivia (La Paz),
Brasil (Brasilia), Colombie (Bogotá), Cuba
(La Habana), Estados Unidos (Washington), Méjico
(Méjico DF), Venezuela (Caracas) y Uruguay
(Montevideo).
[26] Para esta cita y las anteriores: presentación
de Telesur en la página web de la cadena.
[27] Beto Almeida, op. cit.
[28] Para esta cita y las siguientes: Nils Solari,
op. cit.
[29] Para esta cita y las siguientes: presentación
de Telesur en la página web de la cadena.
[30] Marie Delcas, «Telesur ou "TéléChavez"?»,
Le Monde, 7 de diciembre de 2005.
[31] Periodista de RCTV, una televisora que participó
en el «golpe de estado mediático»
del 11 de abril de 2002 en Venezuela. Poco después
dimitió.
[32] Dario Pignotti, «Telesur será independiente
siempre, neutral jamás», http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=730
.
[33] En 1992 Chávez reconoció con estas
palabras el fracaso temporal de su intento de golpe
de estado dirigido a una transformación social
y asumió su responsabilidad, algo tan raro
en Venezuela que sus compatriotas empezaron a verle
a partir de entonces como un político de nuevo
cuño.
[34] Mario Kaplún, investigador en ciencias
de la información.