| La
verdadera cara de Petrobras
|
Pablo Stefanoni
Juguete
Rabioso
La participación
estatal en la gigante petrolera -bautizada por un analista como una "empresa
estatal de mercado"- es minoritaria. El estado brasileño controla
directamente sólo el 40%, el resto de las acciones pertenece a grandes
y pequeños inversores, muchos de ellos extranjeros (incluyendo a los estadounidenses).
La
nacionalización de los hidrocarburos, decretada por el presidente Evo Morales,
ha provocado un terremoto geopolítico al ocupar militarmente al gigante
brasileño Petrobras. La prensa de derecha del país vecino acusa
al presidente Luiz Inácio Lula da Silva de no ser suficientemente firme
para defender a "la empresa propiedad del pueblo brasileño".
Incluso en Bolivia muchos hablaron de tener una "empresa estatal como Petrobras"
en relación a la refundación de Yacimientos Petrolíferos
Fiscales Bolivianos (YPFB).
Pero, ¿Petrobras es realmente una empresa
estatal?, ¿la estructura de propiedad de esta empresa es compatible con
los actuales esfuerzos por poner en pie una nueva gestión soberana de los
recursos naturales en una parte creciente de Sudamérica? Los datos parecen
ir en contra de esta idea, difundida hasta ahora por algunos sectores "progresistas"
que creían en una iconográfica sucesión de nuevos líderes
nacionalistas que comenzaba con Chávez, Lula, Fidel, Kirchner y sumaba
ahora a Evo Morales, a Tabaré Vázquez y, en una de esas, a Ollanta
Humala en Perú. La realidad se mostró mucho más compleja
como lo demuestra la crisis de los bloques regionales (CAN y MERCOSUR), el conflicto
de las papeleras entre Uruguay y Argentina y el enfrentamiento posnacionalización
entre Bolivia y Brasil: hoy Petrobras es una de las más virulentas entre
las petroleras contra los cambios en las reglas de juego inauguradas en los 90
con elevados costos para el Estado boliviano. Y en esa dureza, ¿hay alguna
diferencia entre Petrobras y cualquiera de las transnacionales europeas o estadounidenses?
El
mito de la "empresa estatal"
En
verdad, la participación estatal en la gigante petrolera -bautizada por
un analista como una "empresa estatal de mercado"- es minoritaria. El
estado brasileño controla directamente sólo el 32.2% de las acciones
totales de Petrobras y 7.6% a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico
y Social (BNDES). Otro 57.5% de las acciones pertenece a grandes y pequeños
inversores, muchos de ellos extranjeros (incluyendo a los estadounidenses). Las
acciones de Petrobras cotizan en las bolsas de Nueva York, Madrid, San Pablo y
Buenos Aires. El gobierno de Brasil y el BNDES controlan la mayoría de
las denominadas "acciones ordinarias", lo que le da una mayoría
en el cuerpo directivo de la empresa. Sin embargo, aunque el gobierno mantenga
control del directorio, la masa mayoritaria de accionistas privados imponen una
lógica netamente capitalista en la empresa.
La enorme capitalización
bursátil de Petrobras y el alto precio de sus acciones es lo que le permite
mantener sus enormes deudas que alcanzaron los 23 mil millones de dólares
a diciembre de 2005 (Nota: la deuda externa de Bolivia no llega a 5.000 millones
de dólares). La empresa contabilizó ganancias netas de 11 mil millones
de dólares en 2005, las más altas en su historia, e invirtió
una suma casi equivalente (otra nota: el PIB boliviano es de 9 mil millones de
dólares).
En sus campos en América Latina y África,
la firma brasileña se comporta como cualquier otra empresa transnacional.
En el caso boliviano, Petrobras alentó las maniobras para catalogar al
campo San Alberto como "nuevo", con regalías del 18%, cuando
había sido descubierto previamente por YFPB y, por lo tanto, debía
pagar regalías del 50% según la antigua ley de hidrocarburos de
Gonzalo Sánchez de Lozada. Una maniobra avalada por el gobierno de Carlos
Mesa y su delegado presidencial Francesco Zaratti quien apeló a la ambigüedad
para redactar un informe que benefició a la empresa y perjudicó
al Estado boliviano.
En la actualidad, Petrobras cuenta con el 45,9% de
las reservas probadas y probables de gas y el 39,5% de las reservas de petróleo,
según información de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos
(YPFB). La posición de la petrolera brasileña en Bolivia se fortaleció
por tener presencia en toda la cadena de los hidrocarburos: extracción
de los líquidos y el gas, transporte local, refinación y transporte
del gas a Brasil y Argentina. La división internacional de Petrobras, que
incluye los negocios en Bolivia, tuvo el año pasado ganancias netas de
272.6 millones de dólares, 63% más altas que los 166.8 millones
de 2004. Por eso, quizás no resulte una sorpresa leer, en el informe anual
de la empresa, que el aumento de las ganancias se debió, en parte, a "la
elevación de la venta de gas boliviano a Brasil y al inicio del contrato
de venta de gas a Argentina".
Para sortear los cuestionamientos en
su contra, Petrobras montó un aceitado mecanismo de patrocinio a eventos
de diverso tipo, que le garantiza el silencio cómplice de gran parte de
la sociedad brasileña, además del chauvinismo -reproducido por una
prensa que también se beneficia con su publicidad- que la considera parte
del orgullo nacional. "Vamos a defender a Petrobras como defendemos a nuestra
selección de fútbol" dijo el canciller de Lula, Celso Amorín,
tocando las teclas de la sensibilidad nacional brasileña, para enfrentar
las declaraciones de Evo Morales en Viena, en el sentido de que se trata de una
empresa que "operó ilegalmente en Bolivia" debido a que los contratos
de riesgo compartido no fueron aprobados por el Congreso.
La petrolera
patrocina todo tipo de eventos culturales, deportivos y sociales
y hasta
el propio Foro Social Mundial -contra la globalización y las transnacionales-
contaba con su auspicio, al igual que la campaña "Fome Zero"
(hambre cero) desarrollada por el gobierno Lula. Sólo en 2005, Petrobras
gastó 106 millones de dólares en "relaciones institucionales
y proyectos culturales". Con todo esto, la petrolera tiene asegurado un silencio
cómplice junto con la exaltación -que se compra con millones de
reales- de su "espíritu patriótico".
Destrucción
ambiental y precarización laboral
Petrobras ha sido la mayor
responsable de la destrucción ambiental y social de Río de Janeiro,
donde tiene su cuartel general. Mantiene su refinería Reduc sobre las aguas
dulces de la Bahía de Guanabara, y sucesivos derrames mayores en 1975,
1997 y 2000, combinados con miles de derrames menores, han hecho de la bahía
un lugar inhabitable. Sus, alguna vez imponentes, playas hoy son un reducto de
basura, su flota pesquera una difusa memoria del pasado y sus aguas fueron reducidas
a una sustancia oscura y contaminada por la destrucción de los manglares
-el mecanismo natural de limpieza de la bahía- en el área cercana
a la refinería. A sus poblaciones aledañas sólo les queda
llevar a sus niños a una enorme "piscina" de cemento cerca de
la orilla
¡financiada por la propia Petrobras!
Un caso similar
fue denunciado en Ecuador, donde la petrolera fue acusada de "estar descargando
aguas de perforación al río Coca en la zona de la comunidad de Huataracu".
Según varios informes, el sitio de descarga se encuentra fuera del bloque
18 operado por Petrobras, en un área considerada como zona de recreación
y captación de agua a sólo siete kilómetros del sistema de
captación de agua potable de la ciudad del Coca. indígenas huaoranis
de la amazonía ecuatoriana pidieron al presidente de Brasil, Lula Da Silva,
que retire a Petrobras del Parque Nacional Yasuní, una de las reservas
naturales más importantes de Sudamérica.
También Petrobras
tiene una conocida política antiobrera y puede jactarse de ser una de las
petroleras cuyos trabajadores han sufrido más muertes y accidentes. En
marzo de 2001, la enorme plataforma de petróleo P-36 ("o mais grande
do mundo") explotó y se hundió en bahía de Campos, matando
a 11 trabajadores después de que los gerentes ignoraran las advertencias
de parar la producción debido a una posible concentración de gas
en una de sus columnas. Pocos días después, más de 200 obreros
escaparon de la plataforma P-7, después de un escape de gas y petróleo,
y en 2002, la gigante P-34 tuvo que ser evacuada después de que se hundiera
a un ángulo de 32 grados. En marzo 2006, 19 trabajadores murieron en un
accidente aéreo en el estado de Río de Janeiro. Los sindicatos denuncian
que alrededor de 90 trabajadores han muerto en los últimos cinco años
y unos 240 desde 1995. Muchos de ellos fueron trabajadores "temporarios"
mal entrenados y sin protección contractual, parte de la política
de "tercerización" seguida por Petrobras.
"O
petróleo e nosso"
Muchos
brasileños están orgullosos de una empresa que los medios todavía
vinculan con la campaña de nacionalización de 1954, conocida como
"o petróleo e nosso". Sin embargo, quizás Petrobras se
debe considerar un ejemplo de lo que no debería ser una empresa "nacional".
Lejos de los intereses del pueblo que supuestamente la controla, Petrobras persigue
ciegamente sus propios objetivos: unas ganancias cada vez más suntuosas
para sus accionistas, que no son precisamente los millones de brasileños
excluidos crónicamente del "Estado de bienestar" construido para
unas pequeñas élites, en uno de los países más desiguales
del mundo. Lejos de ser un instrumento de cambio social, aboga constantemente
en favor del sector económico más privilegiado e insta a los países
que reciben sus inversiones a respetar unas reglas de juego que la benefician
tanto como al resto de las trasnacionales. Poco le molesta comprar o atropellar
los que representan un obstáculo en Brasil, o a sus vecinos más
débiles como Bolivia.
La nacionalización boliviana -lejos
de las visiones conspirativas que hablan de la "influencia" de Chávez
y Castro en la decisión de Evo Morales es, por un lado, la respuesta a
la agenda de octubre; pero por el otro, abre una brecha en América del
Sur, donde el negocio petrolero está dominado por miembros menores de los
monopolios -Repsol y Petrobras-. En un contexto de precios récord del petróleo,
el desafío del país más "débil" de la región
a los poderosos intereses petroleros refuerza el debate acerca de la recuperación
de los recursos naturales en el ámbito continental.
Una encuesta reciente,
difundida por Página/12, revela que el 75% de los argentinos cree que Kirchner
debería imitar a Evo Morales y nacionalizar el petróleo. Posiblemente
se obtendrían resultados similares en el resto de los países que,
lentamente y con avances y retrocesos, parecen avanzar hacia escenarios posneoliberales.