| Carta
de una cooperante en Palestina |
Por
Magali Thill. Representante de ACSUR en Palestina
Hay
muchas maneras de hacer cooperación al desarrollo. Mi experiencia de trabajo
en Palestina, donde he asumido la delegación de ACSUR-LAS SEGOVIAS a lo
largo de los dos últimos años, no ha hecho sino confirmarmelo. La
cooperación al desarrollo, tal como la entiendo y procuro ejercer, no se
resume a la mera ejecución de proyectos de asistencia a poblaciones pobres
y marginadas, sino que busca promover los principios de derechos humanos, igualdad,
universalidad y participación, tanto en las regiones del Sur donde trabajamos
como en nuestras sociedades del Norte, donde se sigue controlando el destino de
comunidades a veces muy remotas, o al menos incidiendo en factores tan determinantes
para su desarrollo, como son las relaciones comerciales o el reembolso de la deuda
externa.
Como bien
lo ha demostrado el fracaso del desarrollismo del siglo pasado, no podemos pretender
erradicar la pobreza con la simple transferencia de tecnología ni la puesta
en marcha de los Planes de Ajuste Estructural del FMI y el Banco Mundial, sino
que hay que actuar sobre las relaciones de poder que configuran las situaciones
de pobreza. Procurando corregir los desequilibrios norte-sur, entre pueblos, comunidades,
géneros y colectivos, es como podemos contribuir de forma duradera a reducir
la pobreza, garantizar el respeto de los derechos humanos e incrementar los niveles
de participación de todos los ciudadanos y ciudadanas del mundo. Bajo esta
perspectiva, nuestro trabajo no se podría sostener sin una implicación
real por cambiar las relaciones desiguales de poder.
Afirmar
esto es reconocer que la cooperación al desarrollo, si quiere ser coherente
con los objetivos que se ha fijado, tiene una vertiente imprescindible de activismo
social y político. Es porque pretendemos mejorar la situación de
las poblaciones y colectivos con los que trabajamos, que hemos integrado plenamente
la denuncia, movilización ciudadana e incidencia política en nuestro
trabajo. En estos tiempos
que corren, esta labor tropieza por un lado contra la ideología individualista
neoliberal del "Sálvese quién pueda". Quienes se identifican
con esta actitud tendrían que considerar que cuando se violan los derechos
fundamentales de los pueblos y se vulneran las estructuras y mecanismos establecidos
para protegerlos, es todo un sistema de valores que queda perjudicado. Así,
hemos visto cómo, a lo largo de los últimos años, en muchos
países algunos términos tan fundamentales como democracia, derechos
humanos, protección jurídica, etc. se han ido vaciando de su contenido
semántico e ideológico.
Otra resistencia con la que nos
enfrentamos es el fatalismo derrotista que suele anestesiar a la sociedad occidental
cuando se asoma al fenómeno de la desigualdad. Nos parece que los centros
de poder están tan lejanos como inamovibles. Nos sentimos impotentes para
cambiar el mundo. Y es verdad que solos no vamos a conseguir acabar con la desigualdad.
Pero no estamos solos. Existen movimientos organizados, a nivel local, regional
y global, que luchan por el pleno respeto de los derechos de los pueblos, colectivos
e individuos. En ellos estamos trabajando, mano a mano con nuestros socios del
sur, aportando nuestra experiencia desde el terreno y defendiendo los valores
que nos caracterizan.
En
el caso específico de Palestina, donde la delegación de ACSUR ejecuta
proyectos de promoción de la participación y derechos de las mujeres,
empoderamiento y capacitación de la juventud palestina para la defensa
de sus derechos, y contribución a una solución justa y duradera
del conflicto/ocupación, el activismo social y político ha sido
y sigue siendo un pilar esencial de nuestra estrategia.
En
un contexto de violación sistemática del derecho internacional y
vulneración de las instituciones encargadas de velar por su respeto, las
ONG hemos de cuestionar el papel que juegan en el ajedrez de Oriente Próximo,
los agentes implicados en la cooperación al desarrollo con Palestina. Como
se lo recordamos siempre que podemos a nuestros dirigentes españoles y
europeos a través de grupos y redes de ONG (AIDA, Grupo de ONG españolas
para Palestina, Red Euromed de Derechos Humanos, Plartaforma Civil Euromed), las
preguntas que se recogen a continuación no pueden ser eludidas bajo el
pretexto de que "algo tenemos que hacer, puesto que eso que tendríamos
que hacer, es decir, sancionar a Israel, por el incumplimiento de la cláusula
de DDHH de los acuerdos comerciales y científicos preferenciales que tiene
firmados con la UE, y suspender nuestro comercio de armas con un país que
ocupa un territorio ajeno y comete crímenes de guerra como lo volvió
a demostrar el pasado verano, no lo estamos haciendo".
A
las agencias que invierten en proyectos productivos en los Territorios Ocupados,
cabría preguntarles qué sentido tiene tanto empeño en promover
el comercio, si Israel mantiene la economía palestina totalmente cautiva;
si los campesinos y empresarios no pueden exportar libremente sus productos; si
tampoco va a garantizar una mayor soberanía de los palestinos sobre sus
fronteras, la tecnología punta promocionada por el Banco Mundial con el
fin de facilitar el paso de los productos palestinos por un Muro que el Tribunal
Internacional de La Haya declaró ilegal el 9 de julio 2004.
Se
reconstruyen viviendas e infraestructuras demolidas con toda impunidad por misiles
israelíes, pero los gobiernos que contribuyen con parte de su presupuesto
de Ayuda Oficial al Desarrollo en estos proyectos de reconstrucción, ¿no
tendrían en su lugar que forzar al gobierno israelí a responder
por sus actos e indemnizar a los damnificados?
También
podríamos cuestionar el impacto que han tenido los millones de euros gastados
en la preparación, celebración y observación de las elecciones
parlamentarias de enero 2005; ¿Qué han ganado con ellas los Palestinos
que viven en los Territorios Ocupados? Meses de congelación de la ayuda
destinada a garantizar el funcionamiento de sus ministerios, escuelas sin recursos,
clínicas desabastecidas, funcionarios impagados, niños desnutridos.
Enfrentamientos armados lamentados - a la vez que alentados en la sombra- por
la comunidad internacional. Y más allá de estos efectos inmediatos,
lo que nuestros dirigentes europeos han hecho con el boicot al Gobierno palestino,
ha sido vulnerar no solamente las instituciones del "futuro" Estado
palestino, sino también la fe del pueblo en las recetas democráticas
de los "chefs" de Bruselas.
Paralelamente
-quisiera pensar que casualmente- se ha creado una coyuntura ideal desde el punto
de vista mediático y diplomático para el gobierno israelí.
¿Qué mejor que esta supuesta "guerra civil" tan pregonada
por los medios de comunicación, para invisibilizar, cuando no justificar,
la consecución de las obras de construcción del Muro del Apartheid
en territorio palestino? Sharon proclamaba que no tenía interlocutor válido
para negociar una paz tan anhelada. Ahora que los palestinos han demostrado que
no son ni capaces de alcanzar acuerdos de gobierno internos - pero nadie denuncia
el intervencionismo de EEUU en el fracaso del diálogo entre el Hamas y
el Fatah - ¿cómo podemos pretender, nosostros europeos, que Israel
confíe en ellos?
Tantos
argumentos difundidos por la maquinaria mediática occidental, donde el
lobby sionista tiene el poder que todos sabemos, dificultan la tarea de quienes
buscan promover soluciones alternativas al Plan Unilateral de Convergencia del
equipo de Olmert. Soluciones basadas en la legalidad internacional, en un equilibrio
real de fuerzas, en un proceso justo y global que garantice finalmente el respeto
de los derechos del pueblo palestino y la protección de las poblaciones
civiles.
En la serie
de reportajes de TVE2 "Voces contra la globalización", Saramago
decía que vivimos en la era de la mentira. El conflicto de Oriente Próximo
ilustra con profusión de anecdotas este amargo análisis que el Premio
Nobel de Literatura hace de nuestra sociedad globalizada. Con la invasión
de Iraq, ha quedado evidente que cuantos más intereses estén en
juego y mayor pueda ser la oposición de los defensores de derechos humanos,
mayor también será la mentira. Todos los cooperantes que hemos trabajado
en Palestina, hemos vivido la frustración de tener que desplegar todo nuestro
bagage argumentativo frente a quienes alimentan su conocimiento del conflicto
de la propaganda pro-israelí que inunda nuestras sociedades occidentales.
A todos estos que siguen
matizando las condenas a los ataques israelíes en territorio palestino
y llamando a una falsa equidistancia, quisiera repetir las palabras de Rachel
Corie -activista norteamericana asesinada en Gaza por un bulldozer israelí-,
que Rafael Escudero escogió para introducir su artículo "Claves
jurídicas para la comprensión del conflicto palestino-israelí",
publicado en el libro escrito por un grupo de juristas españoles que viajó
a Palestina en septiembre 2005 : "Ningún libro, conferencia o documento
me podría haber preparado para la realidad de esta situación. Uno
no puede hacerse una idea, al menos que lo vea".
En
este contexto donde la desigualdad en las relaciones de poder es evidente, sabemos
que nuestro trabajo ha de romper las resistencias enraizadas en una narrativa
manipulada de la realidad. La labor es ardua, porque las resistencias son muchas
y poderosas. Pero a imagen de los palestinos que siguen viviendo, resistiendo
y reinvidicando sus derechos violados continuamente desde hace más de medio
siglo en los Territorios Ocupados, en los pueblos de Israel donde son ciudadanos
de segunda, en los campos de refugiados del Líbano, Siria y Jordania, y
adonde han escapado de la aplanadora de la ocupación, continuaremos alzando
nuestra voz en los movimientos sociales organizados para luchar contra la ocupación
de Palestina, y esforzándonos por incidir en las políticas españolas
y europeas con el fin de que algún día más o menos temprano,
se cumpla la legalidad internacional.
Ser
cooperante en Palestina ha sido una lección de humanidad, solidaridad y
perseverancia permanente. Trabajar en Palestina nos recuerda cada día que
no tenemos derecho a la apatía, la desesperación o al "Sálvese
quién pueda".
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