| Una
vez más, las Fuerzas de Ocupación Israelíes pisotearon los
derechos de los palestinos residentes en Jerusalén |
Por Marcel Masferrer (ACSUR
Palestina)
El pasado mes de julio las fuerzas israelíes procedieron
a demoler un enorme edificio de 5 plantas en Beit Hanina (Jerusalén Este),
habitado por 5 familias, que sumaban más de 50 personas. La casa se encontraba
a escasos metros de la calle principal de Beit Hanina, a 10 minutos a pié
de la oficina de ACSUR-LAS SEGOVIAS.
El
pretexto dado por las autoridades sionistas, como es habitual, fue la supuesta
"ilegalidad" de una ampliación realizada en el edificio. Se castigó
la ampliación "ilegal" demoliendo un edificio entero. Debido
a un maquiavélico sistema administrativo-burocrático, fruto de la
política de judaización en vigor en la ciudad, para una familia
palestina es extremadamente difícil obtener un permiso "legal"
de las autoridades municipales. Como resultado, no queda otra opción que
construir sin permiso. Mientras tanto, las colonias judías adyacentes crecen
alegremente con todo tipo de facilidades institucionales.
Los
habitantes del edificio fueron evacuados con gran uso de violencia a primeras
horas del lunes. Automáticamente, vecinos y activistas se arremolinaron
en la cercanía de la casa para protestar y expresar su solidaridad con
l@s afectad@s. Algunos de los heridos fueron llevados al hospital. Entre los heridos
estava Hatim Abdul-Qadir, consejero para asuntos de Jerusalén del primer
ministro palestino Salam Fayad, que estuvo presente en todo momento en la protesta.
A él se añadieron algunos líderes religiosos, cristianos
y musulmanes, que decidieron
estar cerca de su pueblo en momentos tan difíciles.
El
cordón de seguridad policial que cercaba la casa se mantuvo el resto del
día, hasta que hacia las 18.30h una gran explosión destruyó
completamente el edificio, que aún contenía en su interior todas
las pertenencias de las familias, puesto que las fuerzas israelíes no permitieron
sacarlas previamente. El despliegue policial y militar en ese momento era enorme.
Cerca de media hora después de la detonación, la rabia acumulada
por el pueblo humillado estalló y empezó la represión de
las fuerzas de ocupación. Durante otra media hora, jóvenes palestinos
se enfrentaron a la policía y soldados israelíes.
Cuando
la calma volvió, al desaparecer los cuerpos de seguridad, los presentes
se dirigieron a las inmediaciones de la casa demolida. El silencio, el lloro,
los gritos y los rezos se entremezclaban. El propietario del edificio, acompañado
por vecinos y amigos, estaba descompuesto, caminando de un lado hacia otro, sin
creer aún lo
ocurrido. Como es habitual también, al no acceder
éste a la auto-demolición de la construcción, deberá
ahora sufragar todos los gastos incurridos en esta operación (seguridad,
bulldozers, explosivos, etc.).
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