En ningún país del mundo las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Las cifras nos indican que el 70% de la población que vive en situación de pobreza son mujeres, que constituyen dos tercios de la población analfabeta, que realizan más de la mitad del trabajo del que sólo una tercera parte está constituido por actividades remuneradas. Se conoce que su acceso al poder y a la toma de decisiones es desigual en relación a la población de sexo masculino. La media de representación parlamentaria es del 12% y de puestos presidenciales apenas alcanza un 5% 1.

En la Plataforma de Acción de la IV Conferencia Mundial de las Mujeres, Beijing, celebrada en 1995, los Estados firmantes reconocen que la igualdad entre los sexos como algo inherente al Desarrollo. No puede haber Desarrollo sin respetar este principio de igualdad: " La igualdad entre mujeres y hombres es una cuestión de Derechos Humanos y constituye una condición para el logro de la justicia social, además de ser un requisito previo necesario y fundamental para la Igualdad, el Desarrollo y la Paz" 2.

La Educación para el Desarrollo pretende informar, sensibilizar y concienciar a la población sobre las desigualdades que existen entre la distribución de riqueza y el poder entre las personas y los países y promover un cambio de actitudes en el que primen los valores de la solidaridad, el respeto a las diferencias y la cooperación para el Desarrollo Humano. Por tanto, no podemos obviar en sus principios, sus contenidos y metodologías la desigualdades entre mujeres y hombres, que sitúan a la población femenina en una posición de discriminación.

El concepto de Desarrollo Humano defiende el principio de igualdad y equivalencia entre personas: no importa su etnia, su clase o su sexo. La igualdad entre seres humanos, mujeres y hombres, significa que ambos tienen el mismo valor y han de tener el mismo poder, y por tanto deben tener los mismos derechos y oportunidades. Esto no significa que no existan diferencias entre ambos. Mujeres y hombres no son idénticos, como tampoco lo son dos mujeres o dos hombres. El reconocimiento y valoración de la diferencia es esencial al principio de igualdad. Valoro lo del otro/a tanto como lo mio propio y por tanto ambos debemos tener las mismas opciones de vida. Este principio es universal.

Hasta ahora son pocas las acciones y materiales de Educación para el Desarrollo que han prestado atención expresa a esta discriminación como un obstáculo para el Desarrollo de las sociedades y los países. En parte, porque continúa predominando una concepción neutra, en cuanto al sexo, de la pobreza y las violaciones de Derechos Humanos (afecta a todos y todas por igual), o por el contrario, porque se mantiene la idea de que la discriminación hacia mujeres y niñas son consecuencia de esta situación de empobrecimiento y subdesarrollo, y por tanto el fin de esta situación traerá consigo automáticamente el fin de la desigualdad.

El haber nacido en un país o en otro, gozar de un mayor o menor nivel de riqueza, tener acceso a determinados sociales básicos(salud y educación) o pertenecer a un grupo étnico minoritario, son variables que juegan un papel importante en la capacidad de ejercer nuestros derechos como personas, también el derecho al Desarrollo.

Sin embargo, existen problemas comunes que afectan a mujeres y niñas del Norte y del Sur y que responden a una cultura y un sistema de valores que subordina a las mujeres. La violencia contra las mujeres y niñas, por ejemplo, que empieza a reconocerse y hacerse visible en nuestro país en los últimos años, no es un fenómeno nuevo, ni responde sólo a factores circustanciales, ni ocurre sólo en nuestro país. La violencia contra niñas y mujeres es un problema global que tiene raices estructurales y que tiene que resolverse con una transformación en el sistema de valores.

La incorporación del enfoque de género a la Educación para el Desarrollo significa por un lado hacer visible la discriminación en términos de desigualdad en el acceso a recursos y toma de decisiones que sufre la mitad de la población mundial, de sexo femenino. Significa también, acabar con los estereotipos sexistas que desvalorizan a las mujeres como personas y promover la participación de las mujeres y de los hombres en la construcción de unas relaciones más justas entre las personas y los países.

En 1995, ciento ochenta y nueve países del mundo estuvieron de acuerdo en denunciar que "los currículos y materiales didácticos siguen siendo sexistas y rara vez se adecuan a las necesidades especiales de las niñas y mujeres. Esto refuerza los papeles tradicionalmente asignados a mujeres y hombres, privando a estas de la oportunidad de participar en la sociedad plenamente y en condiciones de igualdad. La falta de sensibilidad del profesorado de todos los niveles de enseñanza refuerza las tendencias discriminatorias y mina la autoestima de las niñas 3.

Estas características pueden repetirse con facilidad en la formación y los materiales de Educación para el Desarrollo que invisibilizan a las mujeres, no muestran su participación en el desarrollo como iguales con sus compañeros los hombres y no atienden específicamente a denunciar la injusticia de esta discriminación.

El caso de la educación intercultural y la sensibilización contra el racismo, es un ejemplo claro de la importancia de tener en cuenta una visión de género. Ambas áreas de trabajo son esenciales en la educación solidaria, teniendo en cuenta la realidad actual del fenómeno de la inmigración y los sentimientos y reacciones de rechazo que todavía provoca en la sociedad. La población de mujeres inmigrantes en la CAM es del 53% de media, respecto a la población masculina. En el caso de la población procedente de República Dominicana y Cabo Verde supera el 75% , y en el del resto de nacionalidades con mayor presencia (excepto de Marruecos) representan más del 60% 4. Es urgente combatir los estereotipos sexistas que se están construyendo en torno a estas mujeres (mujeres inmigrantes = criadas o prostitutas), que constituyen la versión negativa de los roles tradicionalmente asignados a la población femenina (ama de casa, madre y esposa), que por otra parte predominan en la imagen que se da de las mujeres en los países del Sur. Ambos mensajes ocultan la realidad, al no tener en cuenta la participación de las mujeres en el ámbito de lo público (trabajo productivo, trabajo comunitario, liderazgos de procesos de cambio).

La Educación para el Desarrollo debe incorporar el sistema de valores promovido por la coeducación, como se denomina a la línea educativa que se centra en potenciar una educación no sexista, ni en metodologías, ni en contenidos. De lo contrario estará contradiciendo los principios que la inspiran. Esto significa no sólo la utilización de un lenguaje que no excluya a nadie, sino cuidar los modelos de comportamiento y los sistemas de valores que se están transmitiendo a través de los textos y los dibujos (roles, división sexual del trabajo, actitudes activas o pasivas).

Una Educación para el Desarrollo Humano y Sostenible no puede ignorar la situación de las mujeres en su análisis de la realidad global, de la desigualdad respecto a los hombres no sólo en cuanto a pobreza y satisfacción de necesidades básicas, sino también y como condicionante de lo anterior, en cuanto a poder. Y la incorporación de este enfoque de género tiene que hacerse de forma integral, sin compartimentos estancos. Sólo asi podrá cumplir plenamente sus objetivos de transformación global.

La incorporación de la perspectiva de Género al trabajo de ACSUR - Las Segovias es uno de los objetivos transversales de la organización. Desde su creación, ha contado con un grupo de personas (voluntarias y contratadas) que ha realizado un trabajo importante de formación y sensibilización en Género y Desarrollo, tanto hacia el exterior como al interior de la organización.

Este objetivo se concreta tanto en el trabajo en Cooperación para el Desarrollo, a través de proyectos en el terreno, como en las acciones de Sensibilización y Educación para el Desarrollo.

ACSUR –Las Segovias ha participado activamente en la representación española del Foro de ONGD de la IV Conferencia Mundial de las Mujeres (Beijing 1995) y también ha estado presente en la reunión de evaluación del cumplimiento de compromisos de esta Conferencia en la Sesión Especial  de la Asamblea General de la ONU , celebrada en Nueva York el pasado junio de 2000, "Beijing +5". También forma parte del Grupo "Mujeres y Desarrollo" de la Coordinadora Estatal de ONGD desde su fundación, ocupándose actualmente de su representación en la red europea Women in Development Europe (WIDE). Nuestra organización además mantiene una relación activa con organizaciones de mujeres del Norte y del Sur, con cuya experiencias y aportaciones contaremos para la ejecución de este proyecto.

NOTAS

1. Datos extraidos del Informe de Desarrollo Humano del PNUD. 1995.

2. Primer punto en la Declaración de Objetivos de la Platafoma para la Acción. IV Conferencia Mundial de las Mujeres 1995, Ed. por el Instituto de la Mujer, 1996.

3. Objetivos y Medidas de la Plataforma para la Acción de la IV Conferencia Mundial de las Mujeres, punto B. La educación. art.74, Ed. Instituto de la Mujer, 1996.

4. Guía de Autocuidados para Mujeres Inmigrantes, Ed.Instituto de Salud Carlos III y Escuela Nacional de Sanidad, 1999.

Este proyecto cuenta con la cofinanciación de: