Tres mil quinientos millones de mujeres no pueden ser invisibles

En ningún país del mundo las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Las cifras nos indican que el 70% de la población que vive en situación de pobreza son mujeres, que constituyen dos tercios de la población analfabeta, que realizan más de la mitad del trabajo del que sólo una tercera parte está constituido por actividades remuneradas. Se conoce que su acceso al poder y a la toma de decisiones es desigual en relación a la población de sexo masculino. La media de representación parlamentaria es del 12% y de puestos presidenciales apenas alcanza un 5%.*

Consideramos que la superación de las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres que tiene como consecuencia la discriminación de 50% de la población mundial de sexo femenino es un objetivo inherente al Desarrollo Humano. No podemos hablar de justicia, desarrollo o derechos humanos sino cambiamos estas relaciones de desigualdad.

El haber nacido en un país o en otro, gozar de un mayor o menor nivel de riqueza, tener acceso a determinados servicios sociales básicos (salud, educación, etc) o pertenecer a un grupo étnico minoritario, son variables que juegan un papel importante en la capacidad de ejercer nuestros derechos como personas, también el derecho al Desarrollo. Sin embargo, existen problemas comunes que afectan a mujeres y niñas del Norte y del Sur y que responden a una cultura y un sistema de valores que subordina a las mujeres. La discriminación de las mujeres y niñas es un problema global que tiene raíces estructurales y que pasa por una transformación del sistema cultural actual de carácter patriarcal.

Género y Educación para el Desarrollo

La Educación para el Desarrollo pretende promover el conocimiento de las relaciones de desigualdad que existen en la distribución de riqueza y el poder entre las personas y los países y sus causas, formar en valores y actitudes relacionados con la solidaridad y la justicia social e impulsar la participación y el compromiso de nuestra sociedad en la construcción de un mundo más justo. Por tanto, es necesario tener en cuenta en sus principios, sus contenidos y metodologías las relaciones de desigualdad que existen entre mujeres y hombres, que sitúan a la población femenina en una posición de discriminación.

La incorporación de la perspectiva de género, que debemos al feminismo, nos permite analizar las causas y consecuencias de estas relaciones de desigualdad y avanzar hacia su eliminación.

* Datos extraidos del Informe de Desarrollo Humano del PNUD. 2000.