Tras las revueltas que han acontecido en los países de la ribera sur del Mediterráneo, debido en gran parte a la imitación y contagio de uno a otro país, nos surge la duda de qué está pasando en Argelia. ¿Son realmente las condiciones son tan distintas, el desempleo, la pobreza, son menores o es la fuerte represión lo que hace que este país permanezca inmóvil ante las revoluciones de la zona? Publicamos a continuación un artículo elaborado por una colaboradora de ACSUR-Murcia.
¿Y qué pasa con Argelia?
Alba Martos Rosa
Aunque el mes pasado fuesen una constante mediática, las revueltas en Argelia han pasado a un segundo plano debido a la guerra de Libia y a las protestas en Siria contra Bashar al-Assad, reprimidas cada vez con más dureza por la policía . Sin embargo, después de que los regímenes de Ben Alí en Túnez y Hussein Mubarak en Egipto hayan caído, la pregunta que nos hacemos es “¿Y para cuándo en Argelia?”.
¿Qué similitudes y diferencias existen con las otras revueltas ?
es cierto que podemos encontrar analogías en las demandas de la ciudadanía argelina con las formuladas por los ciudadanos y ciudadanas de Yemen, Siria, Egipto o Túnez; pero la realidad política y social de estos países es más complicada de lo que los medios nos muestran, y no podemos basarnos en dos procesos fructíferos en cuanto a resultados –Egipto y Túnez- para intentar vaticinar qué ocurrirá en Argelia. También es cierto que estas revueltas no tienen precedentes en el mundo árabe, ya que, a pesar de que existen precedentes de revoluciones de corte laico y republicano en estos países las protestas actuales se caracterizan por reclamar una democracia real y efectiva, sin signos ni ideologías, motivo por el cual algunos las han comparado con las revoluciones de Europa del Este a partir de la caída del muro de Berlín en 1989.
¿Pero, por qué, teniendo Argelia unas características sociales similares a las de sus países vecinos en cuanto a niveles de paro, de peso demográfico total –es el segundo país mas poblado de África del Norte- y a la situación de la juventud; las manifestaciones no han sido tan masivas? Argelia fue el primer país donde tuvieron repercusión y réplica las movilizaciones iniciales de Túnez. Los primeros brotes de descontento surgieron el 4 de enero, pero fue el 5 y el 6 de ese mismo mes cuando las y los jóvenes, muchos encapuchados y provistos de palos o de barras de hierro, se apoderaron del centro de Orán y de al menos cuatro barrios de Argel; y durante estos tres últimos meses el país ha vivido numerosas manifestaciones, disturbios y saqueos en la capital y en las principales ciudades del país –especialmente en Orán-, protestas que comenzaron con motivo del aumento desmesurado de los precios de los alimentos básicos, como el aceite y el azúcar.
No obstante, como hemos dicho antes, la realidad social, política y económica de Argelia dista de otros países de la región. En primer lugar, las revueltas argelinas son más juveniles, menos masivas –la afluencia de manifestantes es relativa teniendo en cuenta la población total argelina- y más violentas –ya se han contabilizadomás de una treintena de muertes y numerosas personas heridas debido a la fuerte represión de los cuerpos de seguridad-, ya que fueron la juventud la primera en salir a la calle para protestar por las altas tasas de paro que sufren, la escasez de salidas laborales, y la opresión general del régimen de Buteflika. Asimismo, la economía de reminiscencias socialistas argelina, no guarda parecido alguno con el régimen neoliberal tunecino. A pesar de que, como afirma Saïd Bouamama –reconocido sociólogo argelino-, Argelia es un país receptor de una gran cantidad de dividendos debido a sus abundantes recursos naturales en materia de hidrocarburos -aproximadamente las arcas del Estado tienen 115.000 millones de euros en este concepto-, la población no percibe ningún beneficio real de esa riqueza –salvo una minoría perteneciente a la élite-, lo que ha dado lugar a una frustración latente a lo largo de estas décadas. Y, en cuanto a la política, debemos señalar la existencia de un régimen político bicéfalo con una cabeza civil, Buteflika, y otra militar que le es fiel, el potente servicio DRS.
A esta situación se suma la dependencia de los medios de presión y propaganda, que en manos del poder, son usados para hacer impopular toda petición de democratización. Entre esos medios está instaurado, mediante subvenciones, un Islam sumiso y apolítico – es necesario señalar que desde el comienzo de las revueltas los imanes solo las han mencionado para afirmar que inmolarse es pecado y que manifestarse solo genera discordia entre musulmanes, de naturaleza paciente-. También las divisiones étnicas son utilizadas por el régimen para descalificar muchas reivindicaciones, y, erigiéndose como los baluartes de la nación ante las divisiones internas, es lo que les permite reprimir a la población. No obstante, con las manifestaciones del 12 de febrero, vimos ponerse juntos a movimientos de izquierda, sindicatos, movimientos bereberes, diversos movimientos culturales, etc.
Hay que resaltar, al mismo tiempo, que la oposición al régimen se encuentra dividida en tres bloques: a) la Coordinadora compuesta por formaciones laicas; b) la Alianza, en la que los islamistas moderados tienen peso; y c) los socialdemócratas del Frente de Fuerzas Socialistas. Esta segmentación de los adversarios del régimen se debe, en parte, a viejas rencillas, pero también a recelos ideológicos y religiosos entre ellos – el único islamista que asistió a la manifestación del 12 de febrero, Ali Belhadj, fue abucheado cuando apareció en la plaza del 1 de Mayo-. Si a esto le sumamos la multitud de manifestaciones convocadas y las decenas de revueltas, huelgas e intentos de suicidios espontáneos que ocurren todos los días, vemos más claramente este problema de fragmentación político-ideológica, y por qué no se confía en esta oposición elitista y partidista
Finalmente, es necesario señalar que el poder, a pesar de todo, está sustentado en una base social sólida. El régimen ha sabido darle el toque populista a su presidencia, acorde con lo que desea una buena parte de la población; yconsciente de ello, prefiere ceder ciertas libertades a empeorar el clima social –a esto responde el levantamiento del estado de emergencia y las consiguientes reformas que está planteando-. Pero para entender esto, debemos comprender el pasado violento y convulso del país, por lo que se le acepta entre la gran mayoría de la población como el mal menor, teniéndose demasiado presente el pasado. Esto también es lo que legitima al régimen, la defensa a toda costa de la seguridad pública – bajo la idea de que “es mejor tener a la Policía a tu lado que enfrente”, porque si se tiene un problema, la única protección es la de la policía-. Este conjunto de mecanismos y elementos sociales ha acabado generando una apatía colectiva que ha apagado en gran parte las posibilidades de un movimiento político organizado.
¿Qué ha hecho Occidente?
Inicialmente, y como pasó con las protestas en Túnez, Egipto y Libia, las demandas argelinas han sido respondidas en el ámbito internacional con un apoyo relativo desde Estados Unidos –el cual presionó a Buteflika para que reformase la Constitución- y con el silencio de la Unión Europea, explicado por el ministro de exteriores italiano aduciendo que son estados independientes y no colonias de Europa, a pesar de que después se hayan condenado los ataques a los civiles por parte del ejército, y se haya abogado por una resolución pacífica del conflicto. Actualmente, lo que se intenta evitar es que este efecto contagio continúe, ya que si los cambios de régimen alcanzan a los grandes productores de petróleo –y pensando particularmente en Irán- el asunto afectará de lleno a Occidente.
¿Qué se pide y qué se ha conseguido?
El 3 de enero se iniciaron las revueltas con varias protestas en la capital del país y en las ciudades más importantes debido al alza de los precios de los productos básicos como el azúcar y el aceite, conflictos que han sido subsanados con relativa rapidez, en vista de que las revueltas se reproducían día tras día, alcanzando un número mayor de manifestantes, llegando a prácticamente todos los puntos del país y tomando un cariz más social. Lo que comenzó como unas pequeñas protestas de carácter económico, acabó desembocando en manifestaciones masivas clamando por un cambio de régimen.
Una de las principales reivindicaciones de la oposición y de las asociaciones de defensa de los derechos humanos, ha sido el levantamiento del estado de emergenciaya que se consideraba que esa disposición reprimía a los partidos políticos y a la prensa, y limitaba las libertades individuales y colectivas. Sin embargo, esta reivindicación ha sido denegada por el gobierno amparándose en la lucha contra el terrorismo. La decisión de levantar la medida se hizo pública en la visita del vicesecretario de Estado norteamericano, William Burns, que, junto con el Consejo de Ministros argelino del 22 de febrero, examinó y adoptó el proyecto de orden presidencial para el levantamiento del estado de emergencia, prolongado durante 19 años mediante el decreto legislativo del 6 de febrero de 1993 con la finalidad de “restaurar el orden público y garantizar mejor la seguridad de las personas y los bienes, así como el buen funcionamiento de los servicios públicos”.
Asimismo, pocas semanas después, el 17 de marzo, el presidente Buteflika, en un intento de refrenar las cada vez más populosas manifestaciones, inició un proceso de consultas públicas con vistas a reformar la Ley Electoral, la ley de partidos y la Constitución, al igual que ha hecho Marruecos, a fin de atender a las reivindicaciones de la sociedad civil, pero precisando que rechazaba la creación de una Asamblea Constituyente para llevarla a cabo.
¿Qué ha hecho el Gobierno?
Desde el comienzo de las revueltas en enero, estas han sido sofocadas por el gobierno y el ejército de una forma feroz, al mismo tiempo que desde los medios de comunicación se negaba la existencia de una crisis social dentro de sus fronteras, rechazando así las comparaciones con otros estados vecinos. Poco más de un mes después de que comenzasen las protestas, el 12 de febrero, la que se esperaba que fuese la gran manifestación contra el gobierno, convocada por diversas organizaciones sociales y los partidos opositores, fue declarada ilegal por el régimen y sofocada con 30.000 policías, de forma que solo cerca de unas 2.000 personas pudieron acceder finalmente a la plaza 1 de Mayo, ya que las fuerzas de seguridad se desplegaron durante la noche e intentaron bloquear las entradas a dicha plaza.
Como medida preventiva para evitar más manifestaciones espontáneas, en los días sucesivos el Ministerio del Interior paralizó las grandes ciudades, dejándolas sin autobuses, trenes o taxis. Esta gran medida de represión de la ciudadanía, impidiendo la posibilidad de manifestarse, fomenta el miedo e imposibilita que la gente salga a la calle a mostrar su opinión, debido a los recuerdos que aún perduran de la guerra civil de los años noventa.
A primeros de abril, miles de estudiantes volvieron a manifestarse -lo que sigue estando prohibido “por razones de seguridad” pese a haberse levantado el estado de excepción, -. De nuevo, esta protesta fue respondida por parte de las fuerzas del orden con un saldo de más de cien personas heridas, pero no es nada nuevo, ya que en las manifestaciones que se han sucedido durante las últimas semanas en las que participaron todo tipo de funcionarios y profesionales, la represión policial ha ido en aumento.
¿Qué papel juega el Islam?
Podemos decir que en estas revueltas el Islam ha tenido un papel secundario, principalmente porque gran parte de la cúpula y de los conservadores religiosos apoyan –al menos tácitamente- al régimen, aunque, si bien es verdad, ha habido reconocidos musulmanes que se han sumado a las protestas.
En estas manifestaciones no encontramos un interés concreto por la ideología, son protestas ideológicas en las que se expresa especialmente el rechazo a las dictaduras y se exige la democracia, no se escuchan consignas islamistas o panarabistas –a pesar de que esta última es una realidad política común en el mundo árabe-. Esto tampoco quiere decir que sean laicos –probablemente entre las personas que han acudido a las manifestaciones de la plaza de Mayo haya creyentes- pero el hecho es que no se mezcla la práctica religiosa con la política, sino que son, por encima de todo, nacionalistas. Lo que reclaman son valores universales. Por otro lado, a los islamistas conservadores no les interesa la cuestión social desde hace mucho tiempo, ya que no tienen nada que ofrecer, y su incapacidad para pedir perdón por los crímenes de los años noventa los deslegitima ante la juventud. Sin embargo, siguen teniendo un poder social claramente palpable –sus sermones en las mezquitas de Argel son vistos miles de veces en YouTube, pero más por representar una forma de resistencia civil que por su dimensión ideológica islamista-. También debemos mencionar que, en opinión de Ali Belhadj –líder del disuelto Frente Islámico de Salvación- si los islamistas moderados que comulgan con estas ideas no participan en las protestas es debido a una petición expresa de que sea así, por ahora, para no dar pretextos a una mayor represión ni asustar a Occidente.
También surgen dudas sobre el papel que puede jugar al-Qaeda en esta situación. Si bien las manifestaciones han minado la idea de que la solución violenta es la única forma de confrontación posible a los regímenes actuales, y a pesar de que ha demostrado una capacidad lenta de respuesta y se enfrenta a grandes dificultades para hacer sentir su presencia en el territorio; no debemos afirmar nada tajantemente, ya que la situación actual de caos e inestabilidad puede ser un excelente caldo de cultivo para un resurgimiento del movimiento extremista islámico, reinventado, en los nuevos espacios físicos e ideológicos.
¿Qué tiene que ver Internet en esto?
Sobre la importancia en el inicio de estas revoluciones en el mundo árabe que tiene Internet –especialmente las filtraciones de Wikileaks y las redes sociales como Twitter- se ha debatido ampliamente. Hay quienes afirman que ha sido la pieza fundamental de las revueltas y quienes lo consideran simplemente un cambio en los medios de comunicación. Es cierto que la rápida comunicación ha condicionado la forma de convocar las protestas –espontáneas y sin liderazgo claro-, evitarlas y vivirlas –vía Twitter, al segundo-, pero no podemos decir que haya sido el detonante, ya que los motivo por el que comenzaron las manifestaciones en enero son es la pobreza, la exclusión social y la represión del régimen.
¿Conclusión?
En resumen, ningún cambio social como el que está viviendo el mundo árabe casi en su totalidad, y Argelia en particular, es sencillo de explicar ni predecir, ya que debemos tener en cuenta factores presentes pero también pasados –historia del país, tradición económica, de que vive, etc.-.
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