El reto de un nuevo enfoque de trabajo agrícola en Cuba está presente desde hace varios lustros; las demandas acumuladas y actuales en la producción de alimentos demuestran que el viejo modelo agrícola, heredado de la Revolución Verde, altamente dependiente, vulnerable y verticalista, no ha sido viable ni ha logrado garantizar la seguridad alimentaria de la población. Encontrar nuevos caminos redescubriendo tradiciones y saberes acumulados de hombres y mujeres del campo se hace cada vez más necesario, sobre todo para países con economía en desarrollo y serias limitaciones financieras, como el caso cubano.
Romper con esquemas impuestos a lo largo de medio siglo en la agricultura en la isla, requiere de un cambio de enfoque y una ardua labor articulada de múltiples actores, no solo de aquellos vinculados al modo productivo, sino de investigadores/as, técnicos/as y académicos/as, cuyo valor agregado es significativo y beneficioso en procesos de desarrollo rural local. Esta mezcla entre ciencia y práctica conocida hoy como investigación-acción participativa, significa un cambio de enfoque y una nueva manera de hacer, aplicable también a la cultura agrícola.
El Proyecto Fortalecimiento de las capacidades locales para la implementación del Programa de Innovación Agropecuaria Local a través de la Investigación-Acción participativa en las provincias de Granma y Camagüey -desarrollado entre 2008 y 2010 en Cuba, financiado por la Comunidad Autónoma de Cantabria y gestionado por ACSUR Las Segovias- significó un camino para la introducción de necesarios y urgentes cambios que se requieren en los procesos de desarrollo rural para alcanzar una agricultura más eficiente, diversificada y participativa.
En el proceso del proyecto -centrado en el fortalecimiento de capacidades a nivel local e institucional para romper con los tradicionales enfoques de transferencia lineal de tecnologías- se desarrollaron modos de hacer de innovación agropecuaria y conocimientos que otorgaron, sin dudas, un rol más activo a campesinos y campesinas, transformándolos de consumidores marginados en la toma de decisiones y la planificación, a sujetos de las transformaciones productivas. El fito-mejoramiento (seleccionar plantas con características deseables como resistencia a plagas y enfermedades) participativo y el fortalecimiento de los sistemas locales de Semillas fueron alternativas económicas, ambientales y sociales aplicadas en múltiples comunidades campesinas de las provincias de Granma y Camaguey.
Con la propuesta se intencionó la creación de una masa crítica de practicantes de métodos y tecnologías favorecedoras de la descentralización y la participación, la validación de una Metodología para el desarrollo de Procesos de Innovación Rural a través de la Investigación-Acción Participativa, con incidencia en la conformación de la estrategia nacional de innovación agropecuaria en Cuba, lográndose también en la formulación y puesta en práctica de estrategias específicas a nivel comunitario e institucional cuyos resultados fueron notables en Bayamo.
Los aprendizajes y desafíos teóricos- metodológicos del proceso, construido a lo largo de los dos años por el proyecto, así como la percepción que han tenido del mismo las contrapartes y actores involucrados, han sido levantados a través de un proceso de sistematización realizado entre los meses de abril y junio del año en curso y del cual se comparten algunas consideraciones.
Tras realizar una mirada retrospectiva del proceso, las principales lecciones reconocidas indican que con la experiencia se lograron aprendizajes para realizar los diagnósticos (sondeos rurales participativos con visión de género), entendiendo la necesidad de la participación de las personas involucradas para formular actividades como medio de motivación para intercambiar, debatir e implementar tecnologías. Que es imprescindible la negociación y la integración en el sector agropecuario para trabajar en lo social; para validar nuevas metodologías no hubo imposición de transferencias, sino negociación, no exenta de tropiezos, que les enseñó a todos y todas cómo aprender de los errores. Opiniones recogidas como “en este proceso perdimos un año para aprender” indican la necesidad de reflexionar continuamente para no frustrar pasos y prepararse mejor para enfrentar las transformaciones.
Tomando en cuenta que las comunidades involucradas en la experiencia eran básicamente de campesinos y campesinas privados, la riqueza de este proceso estuvo en que se logró de manera fluida una articulación horizontal entre productores/as, algo novedoso para este sector. Para alcanzar una mayor articulación entre diferentes actores se ha estado potenciando el trabajo en red, lográndose resultados importantes de negociación y trabajo conjunto, pero a la vez difícil tratándose de actores de diferentes ámbitos y roles; interrelacionar a investigadores/as, productores/as y otras instituciones en la identificación y práctica de alternativas creadoras más convenientes para resolver problemas agrícolas y diversificar cultivos fue importante en este proceso, donde se identificó también como lección que se requiere “comenzar desde la base pero involucrando a decisores al mismo tiempo”.
Otra acción que ha permitido una mejor articulación ha sido la formación de facilitadores/as dentro del grupo de investigadores/as del Instituto Dimitrov, que salieron del ámbito institucional para trabajar e interactuar en los espacios de participación comunitaria. Algunas opiniones como “con el campesino es fácil y difícil de trabajar, fácil por lo noble que es y difícil por lo que han vivido, trabajar con ellos ha sido un buen resultado…” evidencian que también hubo ganancia para los/as facilitadores/as, como debe ser en un buen proceso articulador. Productores y productoras se sintieron apoyados/as para innovar y desarrollar iniciativas propias en cultivos, producción de semillas y el ahorro energético.
Desarrollar el tema de la equidad de género ha sido difícil, por lo complejo y resistente que resulta el espacio en el que se desarrolla el proyecto, producto de la construcción cultural campesina; no obstante, se logró fortalecer la presencia de mujeres en algunas acciones y realizar análisis sistémicos de las fincas con la visión de equidad. Hubo avances en la sensibilización, a través de espacios de capacitación, pero aún es insuficiente la implementación de acciones con este enfoque, en alguna medida debido a la falta de aterrizaje de resultados e indicadores que propicien el abordaje del tema y se perfile ampliamente en la concepción global de la propuesta.
El proyecto ha generado un espacio y un pensamiento que moviliza a diversos actores que hoy se replantean prácticas articulando voluntades, criterios y recursos.
Resultó altamente grato con el proceso de Sistematización “descubrir y redescubrir” detalles, historias contadas, miradas e incluso insatisfacciones que aún quedan por alcanzar con el proceso desencadenado por el proyecto; volver a mirarlo ahora transfiere a sus protagonistas nuevos insumos para “corregir el tiro” y seguir adelante más comprometidos y comprometidas en los procesos de desarrollo rural, pero desde una renovada mirada y un cambio de mentalidad.
Más información sobre el proyecto.
3 septiembre 2010
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