Del 30 de mayo al 4 de junio se realizó en La Habana un taller de intercambio de experiencias de comunicación y metodologías participativas, en el marco del Convenio ¨Soberanía Alimentaria y Desarrollo Local dirigido a grupos vulnerables afectados por desastres naturales en países del Caribe¨, financiado por la AECID, y ejecutado por un consorcio de organizaciones españolas y cubanas (ACSUR, MPDL, MUNDUBAT, ACPA, ACTAF, ANAP, CIERIC y FMC). Como parte del intercambio y con una construcción colectiva, surge este artículo, que sintetiza los sentires y vivencias compartidas.
Artículo escrito por Ernesto Guevara Quiroz , Braulio Freyre Hechavarría y Alcides García Carrazana:
Muchas preguntas cargaron en sus mochilas quienes respondieron a la convocatoria del “Convenio de Soberanía Alimentaria y Desarrollo Local” para participar del Taller de Intercambio de experiencias de comunicación.
TV Serrana desde el corazón de la Sierra Maestra en San Pablo de Yao, el proyecto sociocultural del barrio matancero “La Marina”, realizadores de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, el equipo de comunicación del Centro Memorial Martin Luther King con varias de las experiencias que acompañan, la iniciativa de formación en comunicación de la compañía teatral “La Colmenita”, los informativos “Ciudades Interculturales” del Centro de Documentación en Información de Bolivia (CEDIB) y una representación de los grupos de comunicación formados por el Convenio en las provincias de Guantánamo, Granma y Mayabeque.
Todas las preguntas y las expectativas se encuadraron con el objetivo de intercambiar nuestras experiencias y aprendizajes sobre comunicación en procesos de participación y transformación social, en tres ejes fundamentales: formación de capacidades comunicativas, entendidas en los sentidos de producción de contenidos y percepción crítica; concepción y metodología de la práctica comunicativa; y estrategias de comunicación.
La metodología de la Educación Popular permitió la construcción colectiva en base a los conocimientos y experiencias de quienes participaban del taller, y que se sucedieran intensos y ricos debates respecto al rol de los medios de comunicación en cada uno de los momentos del proceso de elaboración y difusión de sus mensajes. Fue recurrente la referencia a la participación de la comunidad en la dinámica comunicacional y la constatación de que si bien existen iniciativas que piensan en la comunidad, muchas veces desde la formalidad y la distancia en que se ponen los medios, se imponen contenidos sobre los intereses comunicacionales de la población. La comunicación tradicional se ha caracterizado por el verticalismo y la ausencia de la población como protagonista de su propia historia, ignorando que el derecho a la comunicación supone tanto recibir información como emitirla. Las reflexiones logradas también cuestionaron las prácticas de participantes del taller respecto a las acciones de comunicación que realizan.
La comunicación participativa en este encuentro fue más allá de la identificación teórica, sino un ejercicio práctico del grupo, a partir de la construcción colectiva del concepto de comunicación desde los saberes que llenaron el encuentro entre diversas experiencias, en la forma de hacer y de entender la comunicación como proceso y eje transversal de nuestros ámbitos de vida.
Lo novedoso está en la puesta común sobre el posicionamiento ético de nuestras prácticas comunicativas. Este momento develaba con certeza la necesidad de repensar la comunicación participativa, con el enfoque de género y el compromiso de realizar aportes concretos, la visión compartida, ¿para qué? y ¿con quiénes? construimos la comunicación. Los debates estaban orientados a valoración de la comunicación como complemento dinamizador de la participación en las experiencias de trabajo para la transformación de nuestros espacios, con respeto a la mirada colectiva de quienes se involucran como protagonistas. Experiencias y aprendizajes
El diálogo de las experiencias participantes permitió identificar puntos de coincidencias pero también diversas maneras de transitar sus respectivos procesos. Variedad respecto a los públicos y sus niveles de inserción en la práctica comunicativa, los medios y recursos empleados, finalidades y espacios de socialización, intensiones y sentidos de cada propuesta.
Este momento permitió recuperar la necesidad de mantener una coherencia entre el discurso y la práctica. Hacer comunicación desde la participación y para favorecerla es un reto en el contexto actual. No debemos centrarnos en la producción de soportes, pues sería una visión muy instrumentalista y para nada transformadora. Es preciso estimular los procesos y las mediaciones entre los actuantes, problematizar la realidad, y reconocer la capacidad de la comunidad para dialogar y construir la comunicación desde sus propios códigos, potencialidades y necesidades.
Así como se compartieron experiencias que inspiraron nuevas formas de comunicación, también se reflexionó desde referencias bibliográficas que usan CEDIB, ACSUR y el CMMLK en sus respectivos procesos de formación. Luego de intercambiar opiniones sobre las propuestas bibliográficas se evidenció la necesidad de evitar el activismo y pensar la comunicación como una herramienta de lucha que necesita estrategias para encarar la producción participativa de mensajes. Estos procesos, que no pueden dejarse a la improvisación, pueden impulsarse sin perder la autenticidad y la espontaneidad, por lo que debemos planificarlos con un acertado sentido de realidad. Se mencionó que las utopías son necesarias como horizontes, que para ir en su búsqueda se requieren acciones planificadas sobre la base del conocimiento de la realidad, los recursos humanos, técnicos y económicos con los que cuentan las organizaciones, el enunciado de objetivos y resultados a los que se quiere lograr. Este proceso de planificación requiere la participación activa de la comunidad en el levantamiento de datos, en la definición de los medios a utilizar y en los procesos de producción. A modo de conclusiones y continuidades “El taller superó mis expectativas”, una frase recurrente al término de las jornadas de trabajo. Desde las propias sesiones comenzaron a generarse alianzas y articulaciones, demandas de profundización, propuestas de producciones conjuntas y afloraron compromisos personales y grupales de hacer de la comunicación una herramienta de incidencia en nuestros espacios y continuar los intercambios de experiencias. Además, los cinco días de trabajo permitieron consolidar lo que definimos como la génesis del Nodo de formación en soberanía alimentaria de la Red cubana de educadoras y educadores populares.
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